¿Por qué la ONU quiere cambiar el mapa del mundo y Estados Unidos dijo que no?

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La Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó, por 164 votos a favor y 1 en contra, una resolución que fomenta la adopción de una nueva forma de representar el mundo en los mapas. El único voto contrario provino de Estados Unidos. El objetivo de la resolución es cuestionar el predominio de la proyección de Mercator, creada en 1569 por el cartógrafo flamenco Gerardus Mercator. Es importante reconocer que su creación no tuvo como objetivo disminuir a África ni favorecer determinadas regiones. La proyección fue desarrollada principalmente para facilitar la navegación, preservando determinadas relaciones de dirección que eran fundamentales para los navegantes. El problema está en su uso posterior como representación general del planeta. Al transformar una superficie esférica en un mapa plano, la proyección distorsiona el tamaño de los territorios, haciendo que las regiones cercanas a los polos parezcan mucho más grandes de lo que realmente son.
¿Por qué la ONU quiere cambiar el mapa del mundo y Estados Unidos dijo que no?
La respuesta comienza por la forma en que percibimos el tamaño de los territorios. La consecuencia de esta distorsión puede observarse de manera bastante evidente cuando se compara Groenlandia con África. En un mapa de Mercator, Groenlandia puede parecer cercana en tamaño al continente africano, cuando, en realidad, África tiene aproximadamente 14 veces el área de Groenlandia. El mismo principio afecta a otras regiones cercanas al ecuador, como América Latina y partes de Asia. Esto no significa que quienes utilizan Mercator estén reproduciendo conscientemente una visión equivocada del mundo, pero sí significa que millones de personas han aprendido durante décadas a visualizar los territorios mediante una representación que no preserva sus proporciones reales.
La nueva propuesta fomenta el uso de proyecciones de área equivalente, especialmente Equal Earth, desarrollada en 2018 por los cartógrafos Tom Patterson, Bernhard Jenny y Bojan Šavrič. A diferencia de Mercator, Equal Earth busca preservar la proporción relativa de las áreas terrestres. El resultado visual es significativo. África aparece mucho más grande, Groenlandia pierde la apariencia desproporcionada que adquirió en muchos mapas tradicionales y países como Brasil pasan a ocupar visualmente una dimensión más cercana a su área real. Existen, naturalmente, otras distorsiones, principalmente en las formas de los territorios, porque no existe una manera de representar perfectamente una esfera sobre una superficie plana.

La resolución reconoce que la representación cartográfica también posee una dimensión política y cultural. Durante mucho tiempo, África fue presentada al público internacional a través de narrativas externas al propio continente, frecuentemente asociadas con la pobreza, los conflictos, la dependencia y el subdesarrollo. La forma en que el continente aparece en los mapas no explica estas percepciones, evidentemente, pero tampoco es irrelevante. Cuando una región que posee más de 30 millones de kilómetros cuadrados aparece visualmente cercana al tamaño de Groenlandia, existe una diferencia considerable entre lo que muestra el mapa y lo que la geografía representa efectivamente.
Es precisamente por eso que considero positiva la decisión de la Asamblea General. La resolución no determina que todo el planeta abandone inmediatamente la proyección de Mercator, ni posee fuerza jurídica para obligar a gobiernos, escuelas o empresas privadas a sustituirla. Su significado está en la orientación política y simbólica para que organizaciones internacionales, instituciones educativas, gobiernos y plataformas digitales consideren alternativas capaces de representar mejor las proporciones territoriales.
La reacción de Estados Unidos también añade una dimensión interesante al episodio. Washington fue el único país que votó en contra de la resolución, argumentando que la Asamblea General debería concentrar sus esfuerzos en cuestiones más relevantes para la paz, la prosperidad y las relaciones internacionales. Es una crítica que merece ser considerada, sobre todo porque la ONU enfrenta problemas concretos y urgentes que no serán solucionados mediante un cambio de proyección cartográfica. Sin embargo, transformar el debate en una elección entre mapas y problemas reales crea una falsa oposición. Una organización internacional puede discutir sobre seguridad, desarrollo y conflictos y, simultáneamente, cuestionar herramientas utilizadas durante siglos para representar el mundo.
La adopción de una proyección más proporcional tampoco debe interpretarse como un intento de reescribir la historia o atribuir intenciones políticas a Gerardus Mercator que no corresponden al contexto de su obra. Una herramienta creada en el siglo XVI para una finalidad específica no tiene por qué permanecer como estándar absoluto en el siglo XXI simplemente porque se ha vuelto familiar. Si existen tecnologías y metodologías cartográficas capaces de representar mejor las proporciones del planeta para determinadas finalidades, utilizarlas es una evolución natural, y no una negación del pasado.
África, por su parte, tiene razones legítimas para defender este cambio. El continente no solo es geográficamente mucho más grande de lo que la representación tradicional puede sugerir. También es un espacio de enorme peso demográfico, económico, estratégico y diplomático, con recursos naturales, mercados consumidores, infraestructura en expansión y una creciente relevancia en las disputas entre las grandes potencias. La representación correcta de su territorio no resolverá ninguno de estos desafíos, pero contribuye a corregir una percepción visual que durante generaciones subestimó su dimensión.
Al final, cambiar un mapa no cambia la realidad. África seguirá teniendo los mismos territorios, los mismos desafíos y las mismas oportunidades independientemente de la proyección utilizada. Pero la forma en que representamos la realidad influye en aquello que aprendemos sobre ella. Si el objetivo es construir una comprensión más precisa del sistema internacional, también tiene sentido comenzar por las herramientas básicas a través de las cuales enseñamos a las próximas generaciones a verlo.





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