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La cruz y el petróleo: lo que realmente está detrás de la amenaza de Trump a Nigeria

Nota: Las opiniones expresadas en este texto son de exclusiva responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la posición de este sitio web.


Bola Tinubu, presidente da Nigéria, e Donald Trump, presidente dos Estados Unidos.
Bola Tinubu, presidente de Nigeria, y Donald Trump, presidente de Estados Unidos. (Foto: Asiwaju Bola Ahmed Tinubu/Facebook/Francis Chung/Politico/Bloomberg vía Getty Images)

Lo que está ocurriendo en Nigeria


Nigeria vive una crisis compleja que combina violencia étnica, religiosa, económica y territorial. El país enfrenta múltiples amenazas internas, desde grupos yihadistas en el norte, como Boko Haram y el Estado Islámico de África Occidental, hasta conflictos agrarios entre pastores fulani, generalmente musulmanes, y agricultores cristianos en el centro del país. Estos enfrentamientos, a menudo descritos como religiosos, son en realidad consecuencia de décadas de escasez de recursos, desertificación y competencia por tierras fértiles, agravadas por la pobreza y la incapacidad del Estado para garantizar seguridad y justicia.


Las instituciones nigerianas están sobrecargadas: las fuerzas armadas operan en varios frentes y la corrupción compromete tanto la financiación de la defensa como la confianza de la población. Aunque existen episodios de violencia sectaria, la cuestión actual no sería una persecución sistemática de cristianos promovida por el Estado, como sugieren algunas narrativas extranjeras. Lo que existe es una crisis de gobernanza en la que comunidades de todas las religiones son víctimas de un entorno de impunidad, desigualdad y abandono.


Las declaraciones de Trump


Donald Trump declaró públicamente que Nigeria vive un “genocidio de cristianos” y que instruyó al Pentágono, al que se refirió como “Departamento de la Guerra”, a prepararse para una posible intervención militar. La declaración tuvo un tono de urgencia moral, sugiriendo que Estados Unidos no podría “permanecer de brazos cruzados” ante lo que describió como “una masacre de inocentes por motivos de fe”. Esta retórica refleja el estilo característico de Trump: directo, emocional y orientado a crear impacto inmediato, incluso cuando la información de base es imprecisa o incompleta.


La declaración se inserta en un contexto de política interna altamente polarizado, en el que Trump busca consolidar el apoyo de su base más fiel, especialmente el electorado cristiano conservador. Este sector del electorado estadounidense ve la política exterior como un instrumento de defensa de los valores cristianos en el mundo y desde hace años presiona al gobierno para intervenir en casos de persecución religiosa, sobre todo en países africanos y de Oriente Medio. Al adoptar la bandera de la protección de los cristianos perseguidos, Trump activa símbolos poderosos para este público: moralidad, misión divina y supremacía civilizatoria occidental.


Más que una simple reacción humanitaria, el discurso sirve como una estrategia de movilización electoral. Al presentarse como el líder protector de los cristianos, Trump intenta reafirmar su imagen mesiánica ante grupos religiosos que lo ven como un instrumento elegido por Dios para restaurar la grandeza estadounidense. Esta narrativa refuerza la idea de que Estados Unidos tendría una responsabilidad espiritual e histórica de actuar contra gobiernos extranjeros que “permiten” persecuciones a la fe cristiana.


En el plano simbólico, el uso de la expresión “Departamento de la Guerra” en lugar de “Departamento de Defensa” es significativo. Trump evoca deliberadamente un lenguaje anterior a la Guerra Fría, que asocia el poder militar como principal instrumento de la política exterior estadounidense. Al hacerlo, busca no solo impresionar a su público interno, sino también transmitir una imagen de fuerza y determinación a los adversarios externos. Esta elección retórica sugiere el retorno de una visión del mundo binaria, entre civilización y barbarie, fe y caos, en la que Estados Unidos retoma el papel de guardián del orden cristiano occidental.


En el plano internacional, el discurso también puede interpretarse como un instrumento geopolítico. Nigeria es la mayor economía y la principal fuerza militar de África Occidental, y en las últimas décadas se ha acercado a nuevos polos de poder, como China, Rusia e India. La entrada de Nigeria en los BRICS simboliza un cambio en el eje estratégico que reduce la dependencia de Occidente y amplía la influencia de potencias no alineadas con Washington. Para Estados Unidos, este movimiento representa una amenaza a su tradicional dominio político, económico y militar sobre el continente africano. Así, al transformar la crisis nigeriana en un tema de seguridad global, Trump reincorpora a Estados Unidos en el tablero africano bajo el pretexto de la defensa religiosa. Esta táctica no es nueva: los discursos humanitarios se han utilizado con frecuencia para justificar intervenciones externas, como en Irak (2003) o Libia (2011). La diferencia es que, en el caso nigeriano, la retórica moral se apoya en una base religiosa doméstica muy activa, que amplifica y legitima la narrativa ante el electorado estadounidense.


La posición del gobierno nigeriano


El presidente Bola Tinubu y el Ministerio de Relaciones Exteriores reaccionaron rápidamente, rechazando la acusación de genocidio y calificando las declaraciones de Trump como “infundadas y peligrosas”. El gobierno reconoce los desafíos de seguridad interna, pero insiste en que no existe persecución religiosa institucionalizada y que el Estado nigeriano sigue comprometido con la protección de todos los ciudadanos, independientemente de su fe. Tinubu también reafirmó que cualquier cooperación internacional debe darse en conformidad con la soberanía nacional y preferentemente a través de organismos multilaterales, como la ONU o la Unión Africana.


La visión de las ONG y los datos independientes


Informes recientes de organizaciones como Human Rights Watch, Amnistía Internacional y ACLED (Armed Conflict Location & Event Data Project) contradicen la versión de un genocidio religioso. Estos estudios muestran que los episodios de violencia en Nigeria tienen causas principalmente socioeconómicas y territoriales, y que tanto cristianos como musulmanes figuran entre las víctimas. Las ONG destacan que la falta de seguridad pública, la fragilidad del sistema judicial y la ineficacia del gobierno local crean un ambiente de impunidad que perpetúa los ataques, pero no hay indicios de una campaña deliberada de exterminio basada en la religión.


Además, estas organizaciones advierten que simplificar la crisis nigeriana como persecución cristiana puede tener consecuencias desastrosas. Este tipo de discurso no solo distorsiona la realidad, sino que también instrumentaliza el sufrimiento de las víctimas con fines políticos y geoestratégicos. Contribuye a la polarización internacional y dificulta la coordinación de esfuerzos genuinamente humanitarios, desviando recursos de programas de desarrollo y mediación local.


Consecuencias de un ataque de Estados Unidos


a) Políticas y diplomáticas

  • Provocaría una ruptura en las relaciones entre Estados Unidos y Nigeria.

  • Reforzaría la narrativa de que Estados Unidos utiliza causas morales como pretexto para la injerencia militar, favoreciendo el discurso antioccidental.

  • Estimularía un acercamiento estratégico de Nigeria con China y Rusia, que aprovecharían el episodio para ampliar su presencia económica y militar en el continente.


b) Humanitarias y sociales

  • Un ataque provocaría víctimas civiles y desplazamientos masivos en un país que ya tiene millones de desplazados internos.

  • Generaría radicalización y sentimiento antiestadounidense, incluso entre comunidades cristianas que verían la intervención como una invasión.

  • Podría alimentar el reclutamiento yihadista, transformando a los grupos locales en actores de resistencia nacionalista.


El discurso de Trump se inserta en una lógica en la que religión y geopolítica se confunden, transformando una crisis interna nigeriana en un escenario de disputa ideológica global. Aunque Nigeria enfrenta graves problemas de seguridad, una intervención estadounidense, incluso limitada, tendría el potencial de agravar el caos, debilitar al Estado nigeriano y realinear el equilibrio estratégico africano en favor de potencias rivales.


La salida más prudente es multilateral y diplomática: fortalecer las capacidades locales, invertir en desarrollo rural y climático, y tratar la violencia como un fenómeno socioeconómico, no religioso. Esto no solo preserva la soberanía de Nigeria, sino que evita convertir una tragedia interna en una crisis geopolítica global.


Referencias


AL JAZEERA. “No Christian genocide in Nigeria” gov’t says after Trump’s threats. Al Jazeera. Disponível em: <https://www.aljazeera.com/news/2025/11/2/nigeria-welcomes-us-assistance-to-fight-terrorism-after-trumps-threats>.


OBASI, Nnamdi. Why is President Trump Threatening a Humanitarian Intervention in Nigeria? | International Crisis Group. Crisis Group. Disponível em: <https://www.crisisgroup.org/africa/nigeria-united-states/why-president-trump-threatening-humanitarian-intervention-nigeria>.


THE ECONOMIST. Donald Trump says he may strike Nigeria to save Christians. Really? The Economist. Disponível em: <https://www.economist.com/middle-east-and-africa/2025/11/06/donald-trump-says-he-may-strike-nigeria-to-save-christians-really>. Acesso em: 11 nov. 2025.


WINTER, Joseph. Trump tells military to plan for “action” over his claim that Nigeria allows killing of Christians. BBC News, 2025. Disponível em: <https://www.bbc.com/news/articles/cev18jy21w7o>.

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