La carrera por la IA y la nueva paradoja de la seguridad internacional
- João Pedro Nascimento

- 29 ene
- 4 Min. de lectura
Nota: Las opiniones expresadas en este texto son de exclusiva responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la posición de este sitio web.
Este análisis amplía la tesis de Sullivan y Feldman desde una perspectiva global, examinando cómo la Inteligencia Artificial reconfigura el equilibrio de poder, la soberanía nacional y la estabilidad del sistema internacional.

La historia de la geopolítica está marcada por la disputa por recursos tangibles como tierras, rutas comerciales y fuentes de energía. Sin embargo, el siglo XXI introduce una variable que altera esa lógica: la Inteligencia Artificial (IA). El texto de Sullivan y Feldman sugiere que la IA no es solo un avance sectorial, sino una fuerza estructurante que determinará la jerarquía global. En el escenario internacional, la disputa se centra en una cuestión de supervivencia nacional y autonomía estratégica, en la que el control sobre los datos define el peso de cada Estado en el tablero mundial.
La reconfiguración de las fuerzas
La geopolítica de la IA puede analizarse a través de tres dimensiones críticas que afectan a todos los actores globales, más allá del eje Washington-Pekín:
1. La Soberanía de las Capas Técnicas
El poder mundial ahora está distribuido en una "pila" jerárquica.
En la base se encuentra el hardware y la energía. Los países que controlan la fabricación de semiconductores avanzados o que poseen matrices energéticas capaces de sustentar centros de datos masivos se convierten en "Estados-ancla".
En la capa intermedia, el software y los modelos, se libra la disputa entre el modelo propietario y el código abierto. El primero funciona como un "cercamiento" de la inteligencia, donde potencias y corporaciones mantienen el control mediante cajas negras y APIs, garantizando la seguridad contra la proliferación de riesgos, pero creando una dependencia estructural de "vasallaje digital" para quienes los consumen. Por otro lado, el código abierto surge como una herramienta de soberanía y democratización, permitiendo que las naciones busquen autonomía tecnológica y adapten la IA a sus contextos locales; sin embargo, elimina los "filtros" de seguridad, permitiendo que las innovaciones de vanguardia sean rápidamente replicadas o mal utilizadas por rivales y actores no estatales, acelerando la erosión de las ventajas competitivas de quienes las crearon.
Finalmente, la capa de datos genera un nuevo tipo de extractivismo: las naciones populosas proporcionan la materia prima, pero el valor agregado es capturado por las potencias que poseen la capacidad de procesamiento.
2. Ocho Mundos
La matriz de "Ocho Mundos" propuesta por los autores revela una nueva estratificación global, de manera resumida:
Las potencias: Aquellos que buscan la superinteligencia y pueden crear una "singularidad" de poder que imposibilite el alcance por parte de los rivales. Ejemplo: Estados Unidos y China.
Los adoptantes: Estados que, aunque no crean los modelos de base, integran la IA profundamente en sus industrias y sistemas militares, ganando relevancia por su eficiencia. Ejemplo: Corea del Sur e Israel.
El Sur Global y el riesgo de la dependencia: Para muchos países, el peligro es la colonización digital. Si la IA es difícil de copiar, el mundo podría ver un abismo infranqueable entre las naciones que piensan con sus propios algoritmos y aquellas que dependen de infraestructuras extranjeras para gobernar y producir. Ejemplo: Brasil e India.
3. El Dilema de la Seguridad
A diferencia de las armas nucleares, la inteligencia artificial no depende de insumos físicos raros ni de infraestructuras fácilmente rastreables, lo que hace que su proliferación sea potencialmente rápida, difusa y difícil de controlar. Su carácter dual, simultáneamente civil y militar, y su naturaleza esencialmente invisible amplían los riesgos para la estabilidad internacional. En un escenario de "proliferación fácil", capacidades antes restringidas a las grandes potencias pasan a estar al alcance de pequeños Estados e incluso de actores no estatales, sobre todo en áreas como la ciberguerra, la desinformación a gran escala, los sistemas autónomos y aplicaciones sensibles en bioseguridad. Esto altera profundamente la distribución del poder en el sistema internacional, favoreciendo estrategias asimétricas y reduciendo la ventaja estructural asociada al poder industrial o militar tradicional.
Además, la velocidad de los sistemas basados en IA comprime el tiempo de decisión política y militar, incentivando la automatización de respuestas estratégicas y aumentando el riesgo de escaladas accidentales sin una intención política clara. A diferencia de la disuasión nuclear, basada en una atribución inequívoca, costes inmediatos y líneas rojas relativamente estables, la IA opera en un entorno de opacidad, efectos graduales y responsabilidad difusa, lo que debilita los mecanismos clásicos de contención. A esto se suma el hecho de que muchos de los actores centrales en el desarrollo de estas tecnologías son empresas y laboratorios privados, lo que fragmenta la gobernanza, diluye la autoridad estatal y dificulta la construcción de regímenes internacionales eficaces.
En este contexto, al mismo tiempo que la cooperación internacional es necesaria para mitigar riesgos sistémicos y existenciales, los incentivos estratégicos empujan a los Estados hacia una carrera tecnológica continua, motivada por el miedo a quedarse atrás. El resultado tiende a ser un equilibrio inestable y subóptimo, en el que todos reconocen los riesgos, pero pocos están dispuestos a desacelerar. Así, la IA no inaugura solo una nueva dimensión de poder, sino un patrón de inestabilidad crónica, en el que la gobernanza global corre tras una tecnología que avanza más rápido que la capacidad política para regularla.
Conclusión
En resumen, si la IA alcanza el nivel de superinteligencia, el mundo puede caminar hacia una unipolaridad técnica sin precedentes. Si se convierte en una tecnología de utilidad común y fácil difusión, la ventaja pertenecerá a quien tenga la mejor capacidad de ejecución e integración social. El desafío para la comunidad internacional será evitar que la carrera por la frontera tecnológica resulte en una fragmentación total del sistema global, donde la inteligencia se convierta en el arma definitiva de exclusión y control.
Referencias
SULLIVAN, Jake; FELDMAN, Tal. Geopolitics in the Age of Artificial Intelligence. Foreign Affairs. Disponível em: <https://www.foreignaffairs.com/united-states/geopolitics-age-artificial-intelligence?utm_medium=PANTHEON_STRIPPED&utm_source=PANTHEON_STRIPPED&utm_campaign=PANTHEON_STRIPPED&utm_content=PANTHEON_STRIPPED&utm_term=PANTHEON_STRIPPED&check_logged_in=1>.





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