Cuando la inestabilidad se convierte en método en la política internacional: Ucrania, Gaza, Venezuela y Groenlandia en la reconfiguración de la gobernanza de la seguridad
- Paula Lazzari

- 20 ene
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La política internacional contemporánea atraviesa cambios relevantes en la forma en que se gobierna la seguridad global. Los conflictos armados, las crisis humanitarias y las disputas estratégicas han dejado de ser tratados como episodios excepcionales y han pasado a formar parte de un patrón recurrente de inestabilidad prolongada. La capacidad del sistema internacional para producir previsibilidad, imponer límites claros al uso de la fuerza y crear condiciones políticas para el cierre de las crisis se ha reducido progresivamente. En su lugar, se consolida una lógica de administración continua de la inestabilidad, marcada por respuestas fragmentadas, selectivas y fuertemente condicionadas por asimetrías de poder.
Hablar de una reconfiguración de la gobernanza de la seguridad no implica la sustitución completa de las instituciones multilaterales existentes ni el surgimiento de una nueva arquitectura normativa consolidada. Lo que se observa es un desplazamiento gradual, pero consistente, en las prácticas mediante las cuales se administran las crisis de seguridad. Las instituciones universales permanecen formalmente activas, pero pierden centralidad decisoria, mientras que arreglos ad hoc, coaliciones restringidas e instrumentos unilaterales asumen funciones centrales en la contención de conflictos, la imposición de costos y la gestión de riesgos. Se trata de un cambio operativo y político, más que institucional o jurídico.
Datos sistematizados por el Armed Conflict Location and Event Data Project indican niveles persistentemente elevados de violencia política a escala global, con una fuerte concentración en conflictos de larga duración caracterizados por alta letalidad civil, multiplicidad de actores armados e impactos transnacionales duraderos. Estos conflictos tienden a prolongarse en el tiempo y a operar mediante ciclos recurrentes de escalada y contención, sin mecanismos eficaces de cierre. En paralelo, el Stockholm International Peace Research Institute registra récords sucesivos en el gasto militar global, que ya supera los dos billones de dólares anuales, con aumentos generalizados entre grandes potencias y Estados medios. El contraste entre violencia persistente y expansión del gasto militar indica que la respuesta predominante del sistema internacional ha sido la ampliación de capacidades coercitivas, y no el fortalecimiento de instrumentos colectivos de prevención y resolución de conflictos.
Este desplazamiento tiene implicaciones directas para la gobernanza de la seguridad. La acción internacional privilegia la contención de riesgos inmediatos y la gestión de externalidades negativas, en detrimento de la construcción de soluciones políticas duraderas. Los conflictos dejan de ser concebidos como problemas a resolver y pasan a ser tratados como condiciones a administrar. El horizonte temporal de las decisiones se acorta y la ambición normativa de las instituciones multilaterales se reduce.
La guerra en Ucrania ilustra con claridad este patrón. Desde sus primeros meses, el conflicto pasó a ser tratado como una condición de larga duración, cuya gobernanza se organiza en torno al sostenimiento militar continuado, la contención de la escalada directa entre grandes potencias y la gestión de riesgos sistémicos asociados al conflicto, incluidos impactos energéticos, económicos y nucleares. El objetivo predominante ha sido mantener un equilibrio inestable capaz de evitar desenlaces considerados inaceptables por los principales actores involucrados, y no construir un acuerdo político integral.
En este arreglo, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ocupa un papel secundario. Los vetos cruzados y las alineaciones rígidas entre sus miembros permanentes limitan su capacidad de actuación sustantiva. La coordinación política relevante ocurre fuera del marco multilateral universal, en coaliciones restringidas, foros informales y acuerdos bilaterales, caracterizados por baja institucionalización y reducida transparencia. La gobernanza de la guerra se desplaza hacia arenas paralelas, en las cuales la legitimidad deriva de la capacidad material y del alineamiento estratégico, y no de normas universalmente acordadas.
Este patrón contribuye a la normalización de guerras prolongadas, administradas para evitar colapsos sistémicos, pero sin instrumentos eficaces de cierre. La seguridad pasa a definirse por equilibrios políticos contingentes, y el multilateralismo asume funciones complementarias, como la gestión humanitaria, el monitoreo limitado y la producción de legitimidad parcial.
El conflicto en Gaza evidencia otra dimensión de esta reconfiguración. Información sistematizada por la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios indica niveles extremos de destrucción civil, desplazamiento forzado a gran escala y colapso de servicios esenciales. Al mismo tiempo, los esfuerzos diplomáticos internacionales se concentran en la negociación de altos el fuego temporales y limitados, frecuentemente condicionados por cálculos estratégicos externos al propio conflicto y desvinculados de un horizonte político sostenible.
La gobernanza de la seguridad en este contexto opera mediante ciclos previsibles de escalada, presión internacional, pausa negociada y reanudación de las hostilidades. La ausencia de mecanismos capaces de imponer costos políticos efectivos ante violaciones reiteradas de normas contribuye a la reproducción de este patrón. La asimetría de poder entre los actores involucrados y la fragmentación de las posiciones internacionales reducen la capacidad del sistema multilateral de actuar como instancia decisoria central. La crisis pasa a incorporarse como elemento estructural de la dinámica regional.
Venezuela completa este cuadro a partir de una lógica distinta, pero convergente. Aunque no está inserta en un conflicto armado interestatal, el caso venezolano evidencia la consolidación de instrumentos unilaterales de coerción política en el tratamiento de crisis internas con repercusiones internacionales. Registros del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos documentan la ampliación y la creciente complejidad de los regímenes de sanciones económicas, combinados con estrategias de reconocimiento selectivo de autoridades y presiones diplomáticas ejercidas fuera de marcos multilaterales robustos.
Desde el punto de vista de la gobernanza global, el aspecto central no es únicamente la situación venezolana, sino el precedente que se consolida cuando las excepciones normativas pasan a aplicarse de forma recurrente y selectiva. Principios como la soberanía, la no intervención y la resolución colectiva de controversias se vuelven condicionales y dependientes de alineamientos políticos, reduciendo la previsibilidad normativa y la credibilidad institucional.
Groenlandia, como punto focal de la creciente centralidad estratégica del Ártico, refuerza esta misma lógica en un contexto distinto. Aunque se trata de un caso territorial específico, está inserto en una dinámica regional más amplia de securitización preventiva, asociada a transformaciones ambientales, la apertura de nuevas rutas marítimas y la intensificación de la competencia entre grandes potencias. Este proceso ocurre mayoritariamente fuera de situaciones de conflicto armado abierto, pero promueve la reconfiguración anticipada de estrategias de defensa y alineamientos de seguridad.
En este contexto, se observa el debilitamiento del Consejo Ártico como espacio efectivo de coordinación política, especialmente tras la suspensión de mecanismos regulares de cooperación. En contraste, arreglos asociados a la OTAN y a estrategias nacionales de seguridad ganan centralidad en la definición de la gobernanza de la seguridad regional. Groenlandia adquiere relevancia estratégica como enlace territorial y operativo de este proceso, sin que ello implique la sustitución formal de las normas multilaterales existentes.
Lo que conecta estos distintos casos es la consolidación de una política internacional orientada por la urgencia. Las decisiones se justifican por la necesidad de actuar rápidamente y por la dificultad de construir consensos amplios en un sistema internacional fragmentado. Las prácticas excepcionales se vuelven recurrentes y previsibles. La gobernanza multilateral permanece formalmente existente, pero ejerce funciones secundarias en relación con los espacios donde las decisiones centrales se toman efectivamente.
Este patrón se ve reforzado por factores domésticos. Los procesos electorales, la polarización política interna y las disputas institucionales influyen en las elecciones de política exterior y de seguridad. La acción internacional se convierte con frecuencia en una extensión de conflictos políticos internos, reduciendo el espacio para compromisos multilaterales duraderos. Los instrumentos coercitivos ganan centralidad por ofrecer respuestas visibles en el corto plazo, incluso cuando generan costos elevados en el mediano y largo plazo.
Las implicaciones de este escenario para la gobernanza global de la seguridad son profundas. La previsibilidad disminuye, las normas se aplican de forma selectiva y las instituciones universales pierden centralidad política y capacidad normativa. La posibilidad de cerrar efectivamente los conflictos es sustituida por estrategias de contención indefinida. Para los países fuera del núcleo decisorio de las grandes potencias, esto se traduce en mayor vulnerabilidad, menor capacidad de influencia y acceso limitado a mecanismos eficaces de mediación.
El sistema internacional pasa así a operar en modo de mantenimiento, y no de construcción. La seguridad global se organiza en torno a la gestión continua de riesgos, con horizontes temporales cortos y baja ambición transformadora. El desafío central no es solo responder a la próxima crisis, sino reconstruir condiciones mínimas para una gobernanza de la seguridad capaz de ir más allá de la administración permanente de la inestabilidad.
Referencias
Armed Conflict Location and Event Data Project (ACLED). ACLED Conflict
Armed Conflict Location and Event Data Project (ACLED). Conflict Index &
2026 Watchlist. https://acleddata.com/conflict-index-2026-watchlist
Armed Conflict Location and Event Data Project (ACLED). What’s Driving Conflict Today? Global Trends Review. https://acleddata.com/report/whats-driving-conflict-today-review-global-trends
Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI). Unprecedented Rise in Global Military Expenditure (Press Release, 28 abr. 2025). https://www.sipri.org/media/press-release/2025/unprecedented-rise-global-military-expenditure-european-and-middle-east-spending-surges
Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI). Trends in World Military Expenditure 2024 (Fact Sheet, 2025).
United Nations Office for the Coordination of Humanitarian Affairs (OCHA).Occupied Palestinian Territory – Situation Reports (2025). https://www.unocha.org/occupied-palestinian-territory
U.S. Department of the Treasury – Office of Foreign Assets Control (OFAC). Venezuela Sanctions Program.
Arctic Council. Official Website and Statements on Cooperation Status. https://arctic-council.org





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