top of page

Opinión: ¿Música sin músicos? El arte bajo la amenaza de la IA

Nota: Las opiniones expresadas en este texto son de exclusiva responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la posición de este sitio web.


Foto: Michael Nigro/Pacific Press
Foto: Michael Nigro/Pacific Press

En los últimos meses, la industria de la música ha sido testigo de un movimiento sin precedentes: algunos de los artistas vivos más importantes están recurriendo al silencio como forma de protesta. Paul McCartney, a los 83 años, anunció el lanzamiento de una pista casi inaudible, solo ruidos de estudio y vacío, para simbolizar algo que pronto puede dejar de ser una metáfora y convertirse en realidad: la muerte creativa de toda una generación de compositores si el avance de la inteligencia artificial continúa explotando obras musicales sin consentimiento.


Esta intervención artística no surge de manera aislada. Kate Bush, Hans Zimmer, Sam Fender, Pet Shop Boys, Max Richter y Elton John, nombres que moldearon la identidad de la música británica y global, están presionando públicamente al gobierno del Reino Unido para frenar el apetito de las grandes tecnológicas por datos y obras ajenas.


Hoy, la IA puede componer canciones completas en segundos, imitar voces de artistas famosos, replicar estilos y producir bandas enteras, como en el caso de Velvet Sundown, un grupo ficticio que acumuló más de un millón de reproducciones antes de admitir que no había músicos detrás, solo algoritmos. Lo que está en juego no es solo la estética o la autenticidad. Es la supervivencia económica de jóvenes compositores que viven de regalías, y gran parte de los ingresos proviene de estos usos secundarios y autorales, precisamente el tipo de datos que las empresas pretenden utilizar sin compensación.


Cuando la IA utiliza este material para competir con el trabajo original y, peor aún, sin identificación clara, se crea un entorno en el que la música humana pierde valor y visibilidad. No por falta de talento, sino por una lógica de escala de producción. Por eso Elton John fue tan explícito al calificar de “criminal” la propuesta del gobierno británico de permitir el uso sin permiso de obras protegidas por derechos de autor.


El Estado, al permitir la explotación irrestricta de obras protegidas, pasa a favorecer a quienes automatizan la creatividad en detrimento de quienes la producen.


Plataformas como Spotify enfrentan hoy un conflicto estructural. Mientras reciben críticas por la creciente presencia de música generada por IA, muchas veces sin etiquetado, también mantienen relaciones estrechas con grandes empresas tecnológicas. El resultado es un ecosistema en el que los artistas no saben cuándo su obra fue utilizada para entrenar modelos, los oyentes no saben qué es humano o artificial, y las plataformas ganan eficiencia mientras los creadores pierden remuneración. Más grave aún, parte de ese contenido ha sido utilizado en operaciones fraudulentas de streaming, inflando cifras y drenando ingresos que deberían ir a creadores legítimos. No es casualidad que organizaciones como la Ivors Academy, el BPI y artistas independientes exijan el etiquetado obligatorio de música generada por IA. Transparencia básica, lo mínimo para que los consumidores puedan elegir y para que los músicos defiendan sus derechos.


Tanto el Reino Unido como Estados Unidos enfrentan la presión de gigantes tecnológicos que defienden el acceso irrestricto a contenidos protegidos como fundamental para el avance de la IA. El estancamiento no se encuentra solo en la legislación, sino también en la legitimidad. Un gobierno que intenta complacer tanto a las grandes tecnológicas como a los artistas termina sin ofrecer confianza a ninguno de los dos lados.


La música no es solo un producto. Es identidad, memoria, expresión humana. Es aquello que Paul McCartney, Kate Bush o Elton John hacen porque nadie más puede hacerlo igual. Si permitimos que la IA se entrene con este patrimonio sin límites, sin consentimiento y sin compensación, corremos el riesgo de reducir la creatividad humana a ruido de fondo, como en la protesta silenciosa de McCartney.


La respuesta depende de las decisiones que tomen ahora los gobiernos, las plataformas y los consumidores. La música siempre ha sido un diálogo entre generaciones, y la tecnología puede fortalecerlo, siempre que no silencie a los músicos en el proceso.


Referencias


BAKARE, Lanre. An AI-generated band got 1m plays on Spotify. Now music insiders say listeners should be warned. The Guardian. Disponível em: <https://www.theguardian.com/technology/2025/jul/14/an-ai-generated-band-got-1m-plays-on-spotify-now-music-insiders-say-listeners-should-be-warned>.


BOOTH, Robert. Paul McCartney joins music industry protest against AI with silent track. the Guardian. Disponível em: <https://www.theguardian.com/music/2025/nov/17/the-sound-of-silence-why-theres-barely-anything-there-in-paul-mccartney-new-release>.


MCCARTNEY, Paul. Paul McCartney | News | Paul joins music industry protest against AI with silent song release. Paulmccartney.com. Disponível em: <https://www.paulmccartney.com/news/paul-joins-music-industry-protest-against-ai-with-silent-song-release>.


MILMO, Dan. Elton John calls UK government “absolute losers” over AI copyright plans. The Guardian. Disponível em: <https://www.theguardian.com/music/2025/may/18/elton-john-says-uk-government-being-absolute-losers-over-ai-copyright-plans>.


YOUNG, Alex. Spotify Unwrapped Campaign Calls for Boycott in Protest of ICE Ads, AI Music on Platform. Consequence. Disponível em: <https://consequence.net/2025/12/spotify-unwrapped-boycott-ice-ai/>.

Comentarios


RI Talks Todos los derechos reservados ©

  • Youtube
  • Spotify
  • Instagram
  • LinkedIn
logo
bottom of page