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Cuando la tecnología redefine la guerra: de la computación de la Segunda Guerra Mundial a la Inteligencia Artificial militar

Nota: Las opiniones expresadas en este texto son de exclusiva responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la posición de este sitio web.


Drone RQ-21 Blackjack preparado para lançamento a partir de navio da Marinha dos EUA
Dron RQ-21 Blackjack listo para su lanzamiento desde un buque de la Armada de los Estados Unidos. (Foto: Departamento de Defensa de los Estados Unidos)

La reciente escalada de tensiones entre Estados Unidos e Irán ocurre en un momento en que la relación entre innovación tecnológica y conflicto armado vuelve al centro de la política internacional. Los conflictos contemporáneos han incorporado drones de bajo costo, sistemas autónomos y herramientas avanzadas de análisis de datos en las operaciones militares. Estos desarrollos reflejan un patrón histórico más amplio: las guerras suelen acelerar la innovación tecnológica y estas innovaciones, a su vez, transforman la forma en que se llevan a cabo los conflictos.¹


Este proceso no se limita a la simple idea de que la guerra “estimula” el progreso tecnológico. Los conflictos armados concentran recursos, reorganizan las prioridades científicas y reducen las restricciones institucionales a la experimentación. Las tecnologías desarrolladas en este contexto rara vez permanecen confinadas al ámbito militar. Tienden a difundirse hacia la economía y las infraestructuras civiles, regresando posteriormente al campo estratégico en formas transformadas. La interacción entre guerra e innovación tecnológica constituye, así, uno de los motores recurrentes de la transformación del poder en el sistema internacional.²


El origen de la computación moderna ilustra este proceso. Durante la Segunda Guerra Mundial, la necesidad de procesar rápidamente grandes volúmenes de información criptográfica llevó al desarrollo del Colossus en Bletchley Park, utilizado para descifrar comunicaciones alemanas codificadas por el sistema Lorenz. El Colossus es frecuentemente descrito como uno de los primeros computadores electrónicos digitales programables operativos.³ Pocos años después, en Estados Unidos, el ENIAC fue desarrollado para el U.S. Army Ballistic Research Laboratory con el objetivo de calcular tablas balísticas para artillería.⁴ Estos sistemas fueron concebidos para resolver problemas militares específicos, pero ayudaron a establecer las bases técnicas de la computación contemporánea.



El ciclo de innovación militar: de la criptografía de la Segunda Guerra Mundial a la inteligencia artificial. (Imagen generada con IA)
El ciclo de innovación militar: de la criptografía de la Segunda Guerra Mundial a la inteligencia artificial. (Imagen generada con IA)

La Guerra Fría profundizó esta relación entre tecnología y seguridad nacional al institucionalizar el financiamiento estatal para la investigación estratégica. La creación de la Advanced Research Projects Agency (ARPA) en Estados Unidos consolidó un modelo de cooperación entre universidades, industria y gobierno orientado a la innovación tecnológica de interés estratégico. Uno de los resultados más conocidos de este proceso fue ARPANET, una red experimental financiada por el Departamento de Defensa cuya primera transmisión de datos ocurrió en 1969 entre la University of California, Los Angeles, y el Stanford Research Institute.⁵ De manera similar, el Global Positioning System (GPS) fue desarrollado por el Departamento de Defensa de Estados Unidos a partir de la década de 1970 para la navegación militar, convirtiéndose posteriormente en una infraestructura esencial para el transporte, la logística y la comunicación digital.⁶


Durante gran parte del siglo XX, el flujo de difusión tecnológica siguió una dirección relativamente clara: las tecnologías desarrolladas en programas militares se transferían gradualmente a aplicaciones civiles. En las últimas décadas, sin embargo, esta dinámica se ha vuelto más compleja. El sector privado ha pasado a liderar áreas clave de la innovación tecnológica, particularmente en software, inteligencia artificial, computación en la nube y análisis de grandes volúmenes de datos. Como resultado, tecnologías inicialmente desarrolladas para aplicaciones comerciales han sido incorporadas con rapidez creciente en operaciones militares.


El Departamento de Defensa de Estados Unidos reconoció explícitamente este cambio al lanzar en 2017 el Project Maven, una iniciativa orientada al uso de algoritmos de visión computacional capaces de analizar grandes volúmenes de imágenes y videos recolectados por sensores militares.⁷ Proyectos de este tipo reflejan una transformación más profunda en la organización del poder militar. La competencia estratégica depende cada vez más de la capacidad institucional para recolectar, procesar y transformar grandes cantidades de información en inteligencia operativa.


Conflictos recientes evidencian esta transformación. Estudios sobre la guerra entre Rusia y Ucrania muestran el uso extensivo de drones comerciales adaptados para fines militares, así como la creciente importancia de imágenes satelitales comerciales en el monitoreo y la conducción de operaciones.⁸ El campo de batalla contemporáneo depende cada vez más de un ecosistema híbrido en el que sistemas militares tradicionales operan junto con tecnologías producidas por empresas privadas y cadenas globales de innovación.


La inteligencia artificial representa un paso adicional en este proceso. En su etapa actual, su impacto principal no reside en la sustitución completa de combatientes humanos por sistemas autónomos, sino en la ampliación de la capacidad de análisis de datos, reconocimiento de patrones y apoyo a la toma de decisiones militares.⁹ Aun así, el avance de estas tecnologías plantea cuestiones importantes. Organizaciones internacionales como el Comité Internacional de la Cruz Roja advierten que los sistemas autónomos y las herramientas algorítmicas pueden acelerar el uso de la fuerza y reducir el tiempo disponible para la evaluación humana en situaciones de conflicto, creando desafíos relevantes para la aplicación del derecho internacional humanitario.¹⁰


Estas transformaciones indican que la dimensión tecnológica de la guerra contemporánea no se limita al desarrollo de nuevas armas. También implica cambios más amplios en la estructura institucional de la innovación y en la forma en que la información se integra en los procesos de toma de decisiones estratégicas. Las tecnologías de la información alteran el campo de batalla no solo al aumentar la precisión o la capacidad destructiva, sino al modificar la velocidad con la que los datos se convierten en decisiones operativas.


Las crisis internacionales recientes deben interpretarse a la luz de esta transformación más amplia. El desarrollo histórico de la computación, internet y los sistemas de navegación por satélite demuestra que la guerra ha desempeñado un papel central en la formación de la infraestructura tecnológica del mundo contemporáneo. En el siglo XXI, sin embargo, la innovación civil y militar se han vuelto cada vez más interdependientes, reduciendo las fronteras entre la economía digital, la infraestructura informacional y la capacidad estratégica.


La cuestión central para el futuro de la seguridad internacional no es solo qué Estados poseen las tecnologías más avanzadas, sino cuáles logran integrar la innovación tecnológica, el procesamiento de datos y la toma de decisiones estratégicas de manera más eficaz. En un entorno internacional cada vez más estructurado por flujos de información y automatización, la capacidad de transformar datos en acción estratégica tiende a convertirse en uno de los principales determinantes del poder en el siglo XXI.


Referencias


  1. Lawrence Freedman, The Future of War: A History (New York: PublicAffairs, 2017).


  2. Alex Roland, War and Technology: A Very Short Introduction (Oxford: Oxford University Press, 2016)


  3. B. Jack Copeland (ed.), Colossus: The Secrets of Bletchley Park’s Codebreaking Computers (Oxford: Oxford University Press, 2006).


  4. Paul Ceruzzi, A History of Modern Computing (Cambridge: MIT Press, 2003).


  5. Janet Abbate, Inventing the Internet (Cambridge: MIT Press, 1999).


  6. Elliot Kaplan e Christopher Hegarty, Understanding GPS: Principles and Applications (Boston: Artech House, 2005).


  7. U.S. Department of Defense, “Project Maven Industry Day”, 2017.


  8. CSIS, Insights from the Russia–Ukraine War (Washington, DC: Center for Strategic and International Studies, 2025).


  9. Paul Scharre, Army of None: Autonomous Weapons and the Future of War (New York: W. W. Norton, 2018).


  10. International Committee of the Red Cross, Autonomous Weapon Systems: Technical, Military, Legal and Humanitarian Aspects (Geneva, 2021).


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